La revuelta en Colombia: “Un ejemplo de lo que está por venir”

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Reporte y Entrevista sobre la Revuelta

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Las calles de varias ciudades colombianas han explotado en conflictos los últimos dos días en respuesta al brutal asesinato de Javier Ordóñez, de 43 años, abogado y padre de dos hijes en Bogotá, la capital. Ordóñez se encontraba bebiendo en la calle en frente del apartamento de un amigo cuando llegó la policía y sin provocación alguna, lo golpearon y le dispararon 11 veces con una pistola de descarga eléctrica. Para cuando llegó al hospital, luego de ser golpeado una vez más en la estación de policía, ya estaba muerto.

Un video grabado por amigos de Ordóñez que fue compartido en redes sociales detonó protestas en Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga, Popayán, Ibagué, Barranquilla, Neiva, Tunja, y Duitama. Solo en Bogotá fueron dañadas 56 subestaciones de policía, llamadas CAIs (Comandos de Atención Inmediata), la mayoría quemadas. Aunque los medios hegemónicos reportaron a 8 personas asesinadas por la policía o paramilitares solo en la primera noche, el jueves circulaban por Colombia imágenes que declaraban 10 muertos, todxs quienes a excepción de una persona han sido identificadxs. Las cifras de heridxs varían dependiendo de la fuente. El New York Times declaró que unas 66 personas adicionales sufrieron heridas por balas en la noche del 9 de septiembre, con más de 400 heridxs en total.

Colombia tiene una intensa historia de represión violenta por parte del estado y grupos paramilitares, la cual solo se ha intensificado con la pandemia. Bajo el mandato del actual presidente Ivan Duque, el cual se entiende como una continuación de la anterior narco-administración corrupta del antiguo presidente Álvaro Uribe, el gobierno de Colombia ha fallado al momento de mantener los acuerdos de paz con las guerrillas desarmadas. Como consecuencia, los asesinatos y desapariciones de activistas, disidentes y revolucionarios han incrementado significativamente.

En el siguiente reporte y entrevista, exploramos el trasfondo de y lo que implica el capítulo más reciente de la ola global de revueltas en contra de la policía y la represión estatal. Para más información sobre las luchas sociales en Colombia y otras partes de Latino América, consulta a Avispa Midia y el Proyecto de Acompañamiento Solidario con Colombia PASC, ambos proyectos quienes colaboraron con este artículo.

10 de septiembre, 2020: 10 personas asesinadas, Bogotá, Colombia. Justicia y que pare el genocidio.

Trasfondo: El Paro Nacional del 2019

El 21 de noviembre del 2019, inspirándose con la revuelta chilena y otros levantamientos populares a lo largo de Sudamérica, variados sectores de la sociedad Colombiana se tomaron las calles. Las protestas, que frecuentemente tomaron un tono militante y duraron más o menos un mes, no se trataban de un reclamo específico sino que eran en respuesta a múltiples factores que habían hecho la vida en este país destrozado por la guerra casi imposible. El gobierno de Duque intentaba pasar una serie de medidas de austeridad poco populares, lxs estudiantes demandaban mejores fondos para la educación, mientras que los asesinatos de activistas, indígenas, y ex-guerrillas por parte del estado o paramilitares aumentaban.

La movilización que duró un mes se llegó a conocer como paro nacional . Más que su duración, su relevancia se encuentra en el echo de que fue la primera vez en décadas que se logró tener una manifestación masiva autónoma de ese tipo. Por años, la resistencia militante había sido monopolizada por grupos guerrilleros especializados como las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el ELN (Ejército de Liberación Nacional). El paro representó el retorno a confrontaciones callejeras generalizadas que se prestaban para una participación más abierta.

“La policía nos cuida? NO, la tomba somete, mutila, viola y mata.”

Un Año de Revuelta en Sudamérica

El paro nacional en Colombia se debería ver dentro de un contexto de movimientos que están sacudiendo varios países sudamericanos. Mientras que la insurrección chilena duró mucho más y tuvo más alcance en términos de autogestión y militancia, Ecuador, Perú, Bolivia, y Paraguay vieron protestas generalizadas en el 2019. En Bolivia,un [complejo y cargado conflicto] (https://avispa.org/a-chronicle-of-evo-morales-fall-and-the-complexity-of-the-rebellion-in-bolivia/) terminó en un sangriento golpe de estado por parte de derechistas cristianos.

Como en Colombia, hubieron diferentes causas detrás de las movilizaciones. Latinoamérica por décadas ha sufrido tazas desorbitantes de violencia y desigualdad—en realidad, por siglos. Gracias a políticas de austeridad, el mayor impacto del reciente estancamiento económico ha sido impuesto a la fuerza a los más marginales.

Los ejemplos de revuelta en otros países Sudamericanos, así como en Hong Kong y más allá, ayudaron a encender un mes de protestas en Colombia a finales del año pasado. Las nuevas tácticas que se popularizaron en Hong Kong y Chile se vieron reflejadas en lxs rebeldes de Colombia y su uso efectivo de la táctica de escudos de ¨primera linea¨.

Los meses de conflicto en Chile, los cuales se vieron interrumpidos por la pandemia, proporcionaron un horizonte para otrxs en Sudamérica y el resto del mundo. Por otro lado, la pesadilla que Bolivia ha vivido en el último año es un recordatorio de que los golpes de estado y regímenes abiertamente racistas aún presentan una amenaza real. El riesgo es alto, como lxs colombianxs muy bien saben después de años de violencia estatal y paramilitar.

Unx manifestante en Bogotá usa una lata de pintura en aerosol para avivar las llamas de una estación de policía que se quema el 10 de septiembre. Foto de Nadège Mazars.

Pandemia, Conflicto Económico, y Represión

Colombia se vio afectada fuertemente por la pandemia—así como por intensas cuarentenas militarizadas que la mayoría de las personas se vieron forzadas a violar por una situación de desesperación económica. En un país donde la mayoría de la gente gana dinero en la economía informal, fueron incluso más marginadxs por hacer lo que necesitaban para sobrevivir el día a día.

La vida ya turbulenta se volvió mucho más difícil. Las atrocidades pasan casi desapercibidas. En un caso, el estado masacró a 23 prisoneros en la cárcel de La Modelo por protestar contra malas condiciones y falta de precauciones para enfrentar la pandemia.

El estado y otros grupos armados han estado usando la pandemia como una forma de cubrir un aumento en la represión contra luchadores sociales y movimientos de resistencia. Cuando se le preguntó sobre la actual revuelta, unx anarquista en la ciudad de Cali dijo, “Esto se veía venir desde hace tiempo. Las masacres estaban ocurriendo casi diariamente. No vamos a seguir soportando esto y estamos en las calles dándolo todo.”

La muchedumbre se enfrenta con un vehículo armado del ESMAD en Bogotá el 9 de septiembre.

Paralelos con la Rebelión de George Floyd

Aunque la solidaridad internacional con el levantamiento en contra de la policía en los EE.UU fue rápida y llegó a muchas partes del planeta, en muchos sentidos esta revuelta marca la primera instancia de este modelo de revuelta en otro país. La escala y rapidez de la respuesta en Bogotá ante el asesinato de Ordóñez ya ha opacado lo que pasó en Mineápolis o Kenosha. Esto no es tan sorprendente viniendo de un país del tamaño y población del estado de California en los EE.UU, y que desde los acuerdos de paz del 2016 ha visto a 971 activistas, defensores de los derechos humanos, y ex-guerrillerxs asesinadxs.

Las protestas fueron mayormente lideradas por jóvenes—de las nueve muertes confirmadas en la noche del 9 de septiembre, ocho de lxs fallecidxs se encontraban entre los 17 y los 27 años. Quienes luchaban en las calles se enfocaban mayormente en la policía, las estaciones de policía, bancos, pero la destrucción fue bastante diseminada.

Aún queda por ver como algunos de los elementos más espontáneos de las protestas de los últimos dos días se mezclarán con la militancia organizada que se desarrolló en noviembre y diciembre. En los EE.UU, vimos aspectos de ambas cosas aparecer en la primera ola de disturbios en Mineápolis y las formas organizativas estilo “primera línea” que se desarrollaron en Portland así como posteriormente en Kenosha a finales de agosto.

El lenguaje que se ha visto en las calles de Colombia también ha sido algo similar al lenguaje de revuelta que comenzó con la muerte de Georgy Floyd. Más allá del ubicuo ACAB, que se encuentra en todas partes, lxs manifestantes llevaban pancartas que decían “la policía no nos cuida.” Un cartel publicitario destruido fue re-decorado con la frase “Nada vale más que la vida.”

Desafortunadamente, los medios hegemónicos de Colombia ya están desplegando su versión con la deshonesta narrativa del “agitador externo” usada con efectos destructivos en los EE.UU durante los meses de mayo y junio. Un reporte de RCN Noticias, canal colombiano de noticias, atiza el miedo sobre grupos callejeros altamente organizados bajo la directiva de fuerzas guerrilleras:

“La destrucción de 56 CAIs no fue un caso de incidentes aislados sino que una estrategia articulada y preparada con anticipación, a la espera de un factor gatillante. Tenemos detalles de colectivos armados, su preparación para un ataque, y su reclutamiento de jóvenes en las escuelas y universidades. Este reporte… revela una serie de células o grupos barriales detrás de las violentas protestas, grupos dedicados a crear el caos, que siguen instrucciones del ELN y de los grupos disidentes de las FARC.”

Luego de una explicación paranoica digna de risa del significado de “ACAB” hacen un corte al Ministro de Defensa de Colombia, Carlos Holmes Trujillo: “Esto tiene un origen internacional. Tiene un origen internacional y está dirigido en contra de la policía de países de todo el mundo.”

Tal y como con su contraparte en los EE.UU, esta falsa narrativa sirve para deslegitimizar la protesta en los ojos de la población. En los EE.UU preparó el escenario al menos para que la población aceptara una fase mucho más brutal de represión policial. Más jóvenes colombianos aún serán asesinados debido a las declaraciones irresponsables y sin fundamentos de estos “periodistas.”

El principal inversionista de RCN es el billonario colombiano Carlos Ardila Lülle, particularmente odiado por sus inversiones en la industria del azúcar en el estado de Cauca, donde muchxs indígenas Nasa han sido asesinadxs por su resistencia al monocultivo de la caña de azúcar que invade sus tierras. El alcance de Lülle se extiende más allá de los medios y la industria, llega también a la política e influencia narco-paramilitar.

No hay un complot internacional organizado “en contra de la policía de países en todo el mundo.” ¿Quién podría organizar una cosa así? Solo los más ricos tienen los recursos necesarios para pagarle a la gente con fines de una rebelión, personas cuales no lo harían de otra forma—y lo que buscan es socavar los movimientos sociales por un cambio, no canalizarlos. Lo opuesto es lo que ocurre en realidad: los políticos y la policía de todos los gobiernos del mundo se coordinan para imponernos violentamente un orden mundial capitalista. No existe una camarilla secreta organizando la resistencia de manera conspiratoria—la situación se ha vuelto mucho más delicada, tanto así que las revueltas estallan como respuesta a condiciones que se les impone a las personas. Si existen paralelos entre las revueltas en las distintas partes del mundo, es simplemente porque los medios de represión son demasiado universales, lo que se debe a la homogeneidad de la clase global dominante y las estrategias que sus miembros utilizan. La policía, en todas partes, es la vanguardia de esta represión.

Estación de policía quemada y vandalizada en Bogotá la noche del 9 de septiembre.

10 de septiembre: Más Protestas

Las manifestaciones continuaron en Bogotá, Cali, y en otras ciudades durante la noche del 10 de septiembre. Según unx activista de medios independientes en las calles de Cali, el ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios), carabineros, policía montada, y policía militar se movilizaron fuertemente—una muestra de fuerza atípica, especialmente el uso de la policía militar. Rumores del uso de municiones en contra de manifestantes aún no se han confirmado, pero existen fotos de la policía apuntando a la gente con pistolas. Horas después de la primera protesta en Cali el 10 de septiembre, un grupo de manifestantes se vió forzado a resguardarse en el hospital universitario, peleando valientemente mientras eran rodeados por la policía. A eso de las 9pm, al menos 32 personas habían sido arrestadas, aunque solo siete habían sido identificadxs según [Medios Libres Cali] (https://t.me/medioslibrescali).

En Bogotá, a eso de las 10:30pm el 10 de septiembre, organizaciones de derechos humanos reportaron [138 arrestos confirmados] (https://defenderlalibertad.com/boletin-informativo-3-10s/). El número aumentó durante la noche. Aunque más asesinatos por parte de la policía no han sido reportados, fuentes documentando los hechos en [twitter] (https://twitter.com/ElParcheCritico) describieron golpizas continuas, desapariciones y La tortura de manifestantes.

Parece poco probable que los disturbios se apaguen prontamente.

Entrevista: Anarquista de Bogotá

Unx residente de mucho tiempo de Bogotá y miembro de PASC, Proyecto de Acompañamiento Solidario de Colombia, nos provee más contexto en la siguiente entrevista.

—¿Qué llevó a esto?

El contexto que llevó a esta situación en las calles de Bogotá el 9 de septiembre y hoy día, 10 de septiembre, tiene que ver con un conflicto social de larga duración. La pandemia hizo más obvia una situación que ya venía desarrollándose en términos de pobreza, exclusiones, suburbios llenos de gente desplazada… el conflicto armado que aún persiste, la guerra contra lxs pobres. La guerra de lxs paramilitares en contra de lxs campesinxs en el campo también continúa, así que aún existen olas de desplazamiento de gente pobre a los suburbios. Generalmente la gente sobrevive de la economía informal… y acaban de pasar los últimos seis meses siendo criminalizadxs solo por salir de sus casas para comprar comida. La gente está literalmente muriéndose de hambre; la gente ha estado en una situación insoportable los últimos meses. La constante violencia policial, como en muchos otros lugares del mundo, es algo que enfurece a la gente, especialmente a las personas pobres que son quienes viven la represión—las cárceles están llenas de gente pobre.

Todo esto definitivamente tiene que ver con lo que pasó. El 9 de septiembre, en la mañana, a las 4 am, un hombre está tomando una cerveza con unos amigos en la calle, lo que es ilegal… aparece la policía y, según sus amigos, el tipo dice “OK, bueno, denme una multa, estoy tomando una cerveza en la calle, denme una multa si quieren, múltenme,” y la policía respondió “No, hoy día no hay multa,” y comenzaron a golpearlo y hacerle descargas eléctricas. Lo electrocutaron con la pistola por lo menos 11 veces según la autopsia. Eventualmente, se lo llevaron a la comisaría, donde lo golpearon nuevamente, y finalmente lo llevaron al hospital. Cuando llegó al hospital, ya estaba muerto.

Y luego, peor incluso que todo eso, cuando la familia se encontraba en su casa, con el cuerpo, apagando velas y practicando sus ceremonias, los oficiales de la policía aparecieron con sus pistolas de descarga eléctrica en mano, orgullosos. Esa actitud por parte de la policía fue lo que desató todo—la gente se siente oprimida, sienten que sus vidas no valen nada, y es por esto que salieron a las calles la noche de ayer.

Primero hubo un llamado para las 5pm. Mucha gente se reunió alrededor de la estación de policía. La actitud de la policía para con la gente fue muy represiva. Así fue como la situación se transformó en disturbios. Algo como 50 estaciones de policía han sido quemadas. La policía usó esta excusa para abrir fuego contra la masa de gente—y ahora tenemos confirmadas siete muertes y 45 heridxs, al menos 20 de ellxs por balas. Literalmente les dieron la orden de dispararle a la gente en las calles, disparar a matar. Así que las imágenes que podemos ver en las redes sociales son perturbadoras: oficiales de policía, algunos de los cuales no usan sus uniformes de policía, y civiles que no sabes si son policías, familia de policías, paramilitares, o lo que sea, persiguiendo a la gente en las calles para dispararles.

Esto es lo que pasó la noche de ayer, hasta bastante tarde. Ahora, es 10 de septiembre; hay más manifestaciones enfrente de la estación de policía, y algunas personas ya han sido arrestadas.

—¿Cómo describirías la relación entre el *paro nacional* de este año y el del año pasado?

Tenemos que entender que por siete años en Colombia, por diez años, ha habido un proceso constante de movilización… el último gran episodio fue una huelga general en noviembre del 2019. Porque a final de año paró, pero debería de haberse retomado en marzo del 2020 1— pero, como el resto de la gente en todo el mundo, nos quedamos atrapados en casa por seis meses, por la pandemia. Así que hay mucha rabia que viene de la frustración que la gente sentía meses atrás. Y también, estas movilizaciones de los campesinos en las ciudades han estado creando cierto tipo de tejido social—vecinxs se conocen porque salían a cacerolear juntxs cada noche durante noviembre y parte de diciembre. Ese tejido social fue una de las bases para las movilizaciones, incluyendo lo que está pasando hoy día. Definitivamente podemos ver una relación y un desarrollo de esas situaciones.

Chile](https://crimethinc.com/2020/03/02/march-is-coming-the-next-phase-of-revolt-in-chile-the-lay-of-the-land-ahead-of-round-two).

—¿Cuál ha sido el rol de lxs anti-autoritarixs en la revuelta?

Ha sido interesante en varias de las movilizaciones de los últimos años y especialmente el último año, la huelga—no son solamente lo que aquí llamamos la gente “organizada” quienes salen a las calles. “Organizada” queriendo decir que son parte de una federación anarquista, un sindicato, una organización campesina, o de algún movimiento social activo en Colombia. Va más allá de estas categorías. Puedes ver a tus vecinxs que nunca habían organizado nada, pero que están contra la injusticia, uniéndose a protestas que antes estaban compuestas solo por activistas. Ha sido muy interesante ver ese cambio, con respecto al tipo de personas que sale a la calle—distintas personas trabajando juntas, anti-autoritarixs y personas de movimientos sociales, movimientos indígenas y ver todo eso junto. En el último mes, a pesar de la pandemia, movimientos indígenas, campesinos, y estudiantiles se han unido en algo llamado la Marcha por la Dignidad —desde hace dos semanas, de 50 a 100 personas han estado caminando hacia Bogotá desde diferentes regiones. Esto tuvo mucho apoyo de muchas personas. Esto ha sido otro elemento del trasfondo.

Una multitud el 9 de septiembre.

—¿Ves conexiones entre esto y la revuelta antipolicial de los EE.UU que comenzó en mayo?

Si podemos ver una conexión entre la revuelta aquí y la revuelta que hemos visto en los Estados Unidos. Obviamente, hay un problema de racismo sistémico en los Estados Unidos y lo que esto significa para la gente negra; Black Lives Matter y todo lo que esa lucha significa en los Estados Unidos no es exactamente lo mismo aquí, incluso cuando se puede ver que quienes son más afectadxs por asesinatos a luchadores sociales, la ola de masacres que hemos visto en las zonas rurales de Colombia, son indígenas, son comunidades negras organizadas que tienen otra forma de ver la vida, que tienen conexiones comunitarias y otro proyecto de vida, que no es el capitalismo. Así que hay similitudes y hay diferencias.

Pero creo el tema principal es que la pandemia es solo otro ejemplo que confirma porque la gente no soporta al sistema, y por qué la gente esta rebelándose de manera genuina en contra de la opresión. Esta es la principal conexión, esto es lo que podemos aprender, ahí es donde podemos construir puentes en términos de preguntas como ¿En qué mundo soñamos? ¿Podemos soñar, podemos construir un mundo donde no necesitamos cárceles?¿Podemos construir un mundo donde no necesitamos del estado? Este es el tipo de preguntas—y esta es la base desde donde podemos construir estos puentes entre luchas en los Estados Unidos y el resto de las Américas, junto a comunidades Indígenas y Negras en lucha.

—¿Cuál rol han jugado los grupos paramilitares en la represión?

El conflicto armado colombiano aún continúa. Básicamente, la principal guerra contra la gente no tenía tanto que ver con las guerrillas FARC—la guerra es de hecho una guerra del estado en contra de la misma gente, en contra de su territorio, ya que muchas comunidades tienen otra forma de vida. No quieren depender del estado, quieren tener autonomía territorial, quieren tener su propia economía, que no es una economía capitalista. Así es que hay una guerra continua en contra de estos proyectos concretos.

Y esta guerra se desenvuelve en términos legales—existe un marco legal—la gente está siendo arrestada y detenida, hay prisonerxs politicxs, gente reprimida por la policía. Pero el paramilitarismo es una estrategia que el estado ha usado desde siempre como una forma de propagar el miedo en el campo y así llevar acabo el genocidio de grupos étnicos y también atacar sus proyectos, contra ese tejido social. Ese tejido social en sí es el blanco militar de esta estrategia paramilitar. Esto es algo que se encuentra tan entretejido en la sociedad colombiana por tantos años que no estamos para nada sorprendidxs de ver a civiles, ayer en la noche, abiertamente uniéndose a la policía con pistolas y ayudándoles. Porque la actividad paramilitar está tan arraigada en la práctica militar y de las fuerzas policiales de Colombia desde hace tanto tiempo que las dos están fundamentalmente conectadas.

—¿Qué siginifica esta revuelta en el contexto general de los movimientos sociales en Colombia y Sudamérica?

Varias organizaciones grandes han estado planeando como organizar el retorno de la huelga general. De hecho, para el 21 de septiembre. Así que estos disturbios, esta revuelta—es interesante que llegue en un momento en donde todxs a quienes hemos visto estar calmadxs, tranquilxs, durante la pandemia, incluso cuando la situación era insoportable, anticipaba que algo ocurriera. Para las personas que se han visto en situación de calle en las últimas semanas, la miseria a la que gran parte de la sociedad se ha visto condenada es absolutamente insoportable. Así que todxs han estado esperando, esperando un gran levantamiento. Es un ejemplo de lo que está por venir.

Es un ejemplo de lo que se viene para Colombia, pero es también un ejemplo de lo que está por venir en el resto de Sudamérica. Brasil está en una terrible situación. Hemos visto lo que ha estado pasando en Argentina con la policía intentando hacer un especie de golpe de estado el 9 de septiembre, ayer. Se puede ver que hay una cierta conflictividad social que está creciendo, y tiene que ver con el hecho de que este sistema económico no puede darnos lo que necesitamos. Ahora, esto no significa que los resultados de la revuelta y la lucha serán la paz y la anarquía… desafortunadamente, también puede ser el fascismo. Pero es una lucha que tiene que llevarse acabo, es una lucha no debe suceder solo por medio de una revuelta, también debe llevarse acabo en el desarrollo de un tejido social, por medio del establecimiento de conexiones, la construcción de diferentes proyectos, diferentes alternativas, muchas de las cuales ya tenemos, pero otras que aún deben ser creadas.

Sólo para nombrar algunos ejemplos de cosas inspiradoras que han pasado—durante la pandemia, organizaciones campesinas de trayectorias autónomas han estado enviando mucha comida a barrios pobres de Bogotá y otras ciudades. Hemos visto ejemplos similares en otras partes de Sudamérica. Por ejemplo, en algunas de esas regiones, tiene sus propios sistemas de seguridad—entonces tienen sus propios guardias, pero no son armados. Esto es una propuesta de las comunidades desde hace mucho tiempo para reemplazar a la policía, decir, no necesitamos que la policía venga del estado—tenemos nuestra propia estructura comunitaria para procurar seguridad. La idea de los guardias que viene de una perspectiva indígena es totalmente diferente. Tienen un palo, pero ese palo nunca es usado para golpear a nadie; es un palo que representa una autoridad colectiva, se le da a alguien y se le puede quitar a esa persona. Es una autoridad que se le da a alguien para que sea guardia, temporalmente, pero se le puede quitar en cualquier momento, y esta es una responsabilidad colectiva, el lograr que lxs guardias comunitarixs funcionen. Así es que tenemos guardias Indígenas, tenemos la guardia cimarrona, guardias comunitarios Negros, y de hecho, lo que se ha llamado la primera línea, jóvenes que han formado líneas de protección en las manifestaciones estudiantiles y la huelga, durante el mes pasado han estado intercambiando conocimientos con lxs guardias de las zonas rurales, para que todxs puedan entender esa perspectiva, para poder aplicarla en las ciudades.

La gente no está solo participando de la revuelta, no están solamente luchando en contra del sistema—también están imaginando y están creando nuevas formas y nuevas perspectivas para otro tipo de sociedad. A pesar de la rabia que puedo sentir ahora sobre todas las cosas horribles que hemos visto en las últimas horas, y las últimas semanas—ya perdí la cuenta, pero durante el último mes y medio, llevamos algo como 15 masacres, 60 personas asesinadas por soldados o paramilitares en zonas rurales—la ola de violencia puede llevarte a una desesperación total, pero si podemos ver ejemplos inspiradores para anarquistas y anti-autoritarixs, o quien sea que quiera ver un mundo sin opresión y sin estado, hay cosas que nos llenan de esperanza.

Más Información

[Introducción al Anarquismo y Resistencia en Bogotá] (https://crimethinc.com/2007/10/26/introduction-to-anarchism-and-resistance-in-bogota)—Un resumen del contexto de luchas sociales en Bogotá de una década y media atrás, escrita por visitantes de los Estados Unidos.


Apéndice

“Las Protestas del 9 de Septiembre contra la Brutalidad Policial en Colombia,” una declaración del Grupo Libertario Vía Libre

Originalmente publicado el 10 de Septiembre, 2020; traducido al inglés por Duncan Riley.

En la tarde del miércoles, septiembre 9, 2020, múltiples protestas en contra de la brutalidad policial ocurrieron en ciudades incluyendo Bogotá, Medellón, Cali,2 Barranquilla, Ibagué, y Tunja. Con su axis en la capital, la actividad comenzó con una manifestación de cientos de personas enfrente del Comando de Acción Inmediata en el barrio de Villa Luz, en la localidad de Engativá, donde hubieron serios choques con las fuerzas de seguridad. De ahí, surgen escenas de protesta y confrontaciones, con miles de participantes, las cuales se extendieron a otras partes de la ciudad, principalmente barrios populares, en lugares como Suba y Kennedy, y de una manera más leve en, Bosa, Usme, Teusaquillo, Antonio Nariño, Usaquén, y Ciudad Bolívar, y a áreas en las afueras de Bogotá, como Soacha y Madrid.

Con un llamado espontáneo por medio de redes sociales luego del cruel asesinato de Javier Ordóñez en manos de agentes de la policía a tempranas horas de ese mismo miércoles, la protesta contra la represión sorprendió en su magnitud y rapidez. La acción fue catalizada por un video que se compartió, video que mostraba el tratamiento cruel hacia Javier Ordóñez por varios oficiales de policía luego de que el fuera subyugado en el suelo. La respuesta de la población pareciera estar influenciada por las movilizaciones en los Estados Unidos contra la policía racista luego del asesinato de George Floyd, y la experiencia anti-represiva de los días de movilizaciones durante noviembre y diciembre del 2019, pero directamente relacionadas con el asesinato del joven Dilan Cruz.

El día de la protesta contra la brutalidad policial el 9 de septiembre se inspira en elementos de la revuelta local y es liderado por jóvenes de clase trabajadora, frecuentemente ellxs mismxs fueron blanco de brutalidad policial y las principales víctimas del desempleo, trabajo precario, y violencia urbana. Reanuda, aunque sin una continuidad política clara, las protestas del movimiento de mujeres en contra de la violencia sexual cometida por las Fuerzas de Seguridad en junio de este año, las movilizaciones en contra del hambre por parte de trabajadoras desempleadas y residentes de los barrios populares durante los primeros meses de la cuarentena, y la menos efectiva movilización el 21 de Agosto para protestar las recientes masacres y el aumento de la violencia en el país. 3

En medio del contexto marcado por el cansancio social y la crisis económica generada por las medidas obligatorias de aislamiento y la crisis social-sanitaria como resultado de la pandemia del COVID-19, estas protestas se encuentran entrelazadas con una nueva ola de rabia por parte de víctimas, organizaciones de derechos humanos, y medios en contra de múltiples incidentes de brutalidad policial cometidos por fuerzas de seguridad antes y durante la cuarentena. Su naturaleza explosiva demuestra la existencia de un descontento significativo dentro múltiples sectores sociales y el desarrollo de una identidad común por parte de participantes, aunque desorganizadxs y fragmentadxs.

La lucha contra la brutalidad policial—demandando justicia para Javier Ordóñez, Anderson Arboleda, Dilan Cruz, y las víctimas de la represión gubernamental—es hoy día vital. Es una lucha que debería apartarse del reconocimiento de centralidad y sensibilidad de las víctimas y sus familias, y debiera comenzar a analizar el especial énfasis que la represión institucional le da a la juventud de clase trabajadora, la población Negra, y las disidencias sexuales. El ejemplo de Nicolás Neira, un adolescente de 15 años asesinado por el Escuadrón Móvil Antidisturbios, debería poner en cuestión el carácter de las Fuerzas de Seguridad en el marco de un estado represivo, y una sociedad capitalista desigual, violenta e injusta, bosquejando posibles alternativas de autogestión, autocuidado, en busca del socialismo y la libertad.

¡Justicia para las víctimas de la brutalidad policial!

Grupo Libertario Vía Libre

  1. En marzo 2020 se anticipaba el comienzo de[una nueva fase de la revuelta en 

  2. La ciudad de Cali y alrededores fueron el epicentro de una gran revuelta liderada por esclavos y ex-esclavxs Afro-Colombianxs conocidos como lxs Zurriago, en 1850 y 1851. La revuelta incluyó azotar públicamente a esclavistas y la destrucción de cercos que habían sido construidos por latifundistas en tierras comunes, y jugó un rol importante en desatar la Guerra Civil de 1851, la que culminó en la abolición de la esclavitud en Colombia (en ese entonces conocida como Nueva Granada). 

  3. La acción del 21 agosto fue una marcha en protesta de las masacres dirigidas jóvenes de todo el país durante el mes de Agosto. Un análisis de la acción publicado en el sitio web de Vía Libre el 28 de agosto argumentaba que fue necesario para construir conexiones mas fuertes entre los movimientos sociales, como los de lxs estudiantes, campesinxs, y trabajadores, para así fortalecer la resistencia a la violencia del estado.